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sábado, 5 de diciembre de 2015

Vivir a tope




Sí oímos que alguien vive a tope, ¿que pensamos? Creo que lo más común es pensar que esa persona viaja muchísimo por el mundo, hace deportes de riesgo, tiene mucha vida social y nocturna, y no pierde un minuto en tonterías. En cierta manera todos la envidiamos, es la vida que uno se imaginaba de pequeño, o, mejor dicho, hablaré en primera persona, es lo que yo me imaginaba de pequeño.
Pero, por otro lado, con un trabajo que te reclama muchísimas horas, y 5 niños en casa, es inevitable pensar que uno está en el extremo contrario de la balanza, y supongo que la mayoría, también lo pensara.
Pero hoy, reflexionando, he llegado a una conclusión bien distinta. Estamos hartos de oír eso de que la vida es muy corta, y a fuerza de que los años te vayan cayendo encima en tropel, no hay más remedio que dar la razón, pero hay algo que pasa muchísimo más rápido, y que, a menudo nos olvidamos de disfrutar, y es la infancia de nuestros hijos.
El día que te lo ponen en brazos envuelto en una manta, no te da esa sensación, y cuando te despierta llorando a las 3 de la mañana, aún menos, pero es algo casi tan efímero cómo unas vacaciones de verano. En un abrir y cerrar de ojos, ya correteara por la casa, en otro pestañeo largo, estará en el colegio, y tú, ayudando con aquellos deberes, y, en lo que dura una temporada de juego de tronos, aquellos besos pegajosos y apretados, serán parte del recuerdo, y estarás en casa, mirando la hora preocupado, a ver cuando llega la niña, que ha salido con las amigas.
Pero, ser consciente de esto, es una gran ventaja, porqué saber el valor del tiempo hace que se disfrute mucho más cada minuto, y por eso, cada vez intento pasar con ellos el máximo tiempo posible, y cada minuto con ellos sea disfrutado a tope, y no hay que llevarlos a Disneyland para ello ( sí se puede, tampoco está mal) basta con oírlos con la máxima atención cuando te cuentan esa historia de lo que les pasó hoy en el colegio, o te explican en que consiste ese Picassiano dibujo que acaban de hacer, o declarar una guerra de cosquillas, dejarlos que se manchen cuando juegan, que se coman un último caramelo, y quizás otro, dejarlos que traigan a casa la enésima concha de la playa para meterla en el acuario, que se duerman en el sofá los fines de semana, sabiendo que se despertaran en sus camas por la mañana, que salgan a la calle disfrazados, que pidan tooodos los juguetes del catalogo para Reyes, que gasten medio bote de gel cada vez que se duchan, y que hagan todo lo que les haga ser lo que son, y pronto dejaran de ser, que es niños. Y sí es posible contigo al lado.
Por eso me he dado cuenta de una cosa, y es que yo sí vivo a tope, y que lo seguiré haciendo siempre que pueda.


PD: Muchas felicidades a la mami de los pequestresados, que hoy hace tropecientos años se casaba con un servidor, y que también vive a tope.

Su amigo y vecino, el padrestresado.