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jueves, 14 de febrero de 2013

Personajes


Cuando uno esta largo tiempo en un sitio de estancias cortas, uno acaba conociendo toda clase de personajes, personas con distintas historias, unas dispares de otras, y otras tremendamente parecidas, nada mas llegar conoci a un chico brasileño, Rodrigo, abogado y terminando de estudiar en Milán  decidió pasar unos dias en Copenhage, con la mala suerte de pillar un resfriado tremendo y pegarse los 4 dias metido en la cama, lo que no se es si ya lo traía o lo pillo por el estupendo clima danes, pero lo cierto es que de Copenhage  solo vio la litera de arriba. Después de dos ingleses muy charlatanes y dos japoneses muy silenciosos conocí a Paolo, un italiano en todo el sentido de la palabra, su familia tenia un restaurante cerca de Milán que se ve que les iba bastante bien, pero acababa de fallecer su madre y se vino a Copenhage 3 días a despejarse. de tres noches que salió, ligo dos, y dice que él no venia a eso...

A la par que Paolo, compartí habitación con un japones muy raro, era joven , ventipocos, y no intercambiamos mas que un par de holas, después de varios días me pidio un boli, enseñándome la frase traducida en su I phone, no hablaba ni papa de ingles, aun así, no se como, Paolo le sonsaco que era cocinero en Kioto, y que había venido a coger ideas, se pasaba los días de restaurante de lujo en restaurante de lujo, con facturas de hasta 200 euros por comer el solo, y yo tirando de Mc Donald.
El día que se iba Paolo llego un hombre, un argentino muy simpático  extrovertido y la vez educado, que rondaba la cincuentena, Eduardo, que con la excusa de visitar a una prima suya aquí, se iba a pegar probablemente el viaje de su vida, un mes recorriendo Europa, Dinamarca, Alemania, Holanda, Belgica, Reino Unido, Irlanda. Italia...si no lo hago ahora, ¿cuando?, decía sabiamente.
Ademas de dos chicos Lituanos que cogieron una noche porque no podían aguantar el frío de dormir en su coche, y un Iraqui que esta también buscando trabajo y que habla a toda caña, pero al que no entiendo la mitad, no he confraternizado con nadie mas, me cuesta romper el hielo, y ademas si me caen bien me sabe mas despedirme en dos o tres días.
En el salón de abajo, una especie de Chill out-bar, donde estar las largas horas que no se puede estar en la calle por el frío  y donde en ocasiones, como ahora mismo, no se puede estar del volumen tan desproporcionado de la música,  suelo ver a un hombre, puede que el único que lleva aquí mas que yo. Se pega horas y horas con su viejo portátil,  uno de aquellos de forma cuadrada, es alto y delgado, algo mayor que yo, tiene el pelo algo largo y barba, y unas pequeñas gafas redondas, junto al portatil siempre tiene una pinta de cerveza, parece un novelista enfrascado en su nueva novela, yo lo llamo el escritor, lo veo a diario, pero nunca he hablado con él, aunque lo cierto es que un par de veces que le he visto el monitor me ha decepcionado, no escribía ningun best seller, era solo el Facebook.
Y luego hay un tipo solitario, que entra y sale cuando mas frío hace, también se pega largas tardes en el Portátil, sonríe solo mirando su pantalla, y a veces se seca las lagrimas discretamente...a ese lo conozco bien.


La entrada de hoy va dedicada a los que llevan  mi sangre y comparten mi apellido, a mi familia paterna,  por dar un paso al frente cuando mas falta hacía. Un millón de gracias!








miércoles, 13 de febrero de 2013

Se como te sientes George Bailey.

En el clásico americano de 1946 Que bello es vivir, de Frank Capra, George Bailey (James Stewart) es un hombre bueno, que siempre ha estado por su familia y sus amigos, y que aunque no se da cuenta de ello, su vida a influido muy positivamente en todos los de su alrededor, incluso en su pueblo entero, como le hace ver su ángel de la guarda, el bueno de Clarence, que se le aparece para evitar que acabe con su vida, hecho motivado a raíz de un desafortunado incidente por el que puede arruinar a todos los que han confiado en él, y probablemente acabar en la cárcel.
Al final, en medio de un escenario navideño de nieve y frío, se da cuenta de la suerte que tiene, por la familia y amigos que le rodean, los cuales hacen lo que sea por George, y entre todos aportan el dinero que se había extraviado y que amenazaba con llevar a la cárcel al pobre George, y arruinar a buena parte del pueblo.
Se que la gran mayoría de nosotros la ha visto, es un clásico televisivo de las navidades, yo la he visto desde pequeño infinidad de veces, y se que la veré muchas veces aún, no me canso.



De ninguna manera me atrevería yo a compararme con el bonachón de George Bailey, todo bondad y arrojo no, uno es una persona de carne y hueso, con sus cosas buenas y sus cosas malas, unas las sé, y otras no, como todos.
El caso es que los últimos acontecimientos me hacen reforzar aún más mi fe en las personas, esas que sin tener porqué, solo porque quieren hacerlo, te demuestran que el mundo está lleno de personas buenas, personas que merecen la pena, y no solo eso, sino que te hacen sentir que tu también lo mereces, George Bailey, hoy se como te sientes.

El post de hoy  va dedicado a la Familia Carrasco, son muchos, si, pero cuando hay que ser uno , son uno.
Ejemplo de lo que tiene que ser una familia. Gracias.